Escuchar leer en voz alta es una experiencia mucho más bonita de lo que imaginas. Y más importante.
Muchas veces no somos capaces de leer libros buenos y no es por falta de interés, sino por falta de compañía.
Leer en voz alta es una costumbre muy antigua que he decidido rescatar por amor y porque estoy convencida del beneficio que tiene.
En mis correos comparto ideas nacidas de estas lecturas y reflexiones personales de mi propio camino hacia Dios.
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No lees poco por falta de interés, sino por falta de compañía.
Después de más de un año leyendo en voz alta a personas de todas las edades, de hacer pruebas en institutos, de leer semanalmente en residencias de ancianos, te puedo asegurar que la lectura en voz alta embellece las novelas, que la buena literatura está escrita para ser disfrutada en voz alta, como si fuera música.
Y que cuando te leen en voz alta, te das más cuenta de lo que estás leyendo y no te olvidas tan fácilmente.
Algunos de mis socios se sorprenden de estar fascinados con novelas que no habían podido leer a solas, porque les aburrían.
Y es que es no es lo mismo leer solo que escuchar leer en voz alta. No es lo mismo leer solo, rápido, que dejar que alguien, con todo su cariño, desea que te encante, que te llegue al corazón, que nunca te olvides.
Así que muchas veces, la falta de literatura no nace del desinterés, sino de la soledad.
Estoy segura de que si lo pruebas, te quedas.
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